Este artículo fue publicado originalmente en 2021. Última actualización: 2026.

Viktor Frankl –neurólogo, psiquiatra y filósofo sobreviviente del Holocausto– publicó El hombre en busca de sentido en 1946. Desde la perspectiva de su experiencia en campos de concentración nazis, Frankl habla del amor, la esperanza, la importancia de tomar responsabilidad sobre nuestra propia vida, la libertad y otros temas fundamentalmente humanos. También describe la naturaleza y el arte como antídotos por excelencia frente a cualquier adversidad. Y aunque no son los temas centrales del libro, el prefacio de la versión de 1992 contiene una reflexión sobre la búsqueda del éxito y la felicidad.

Dejando de lado los matices que suele tener la palabra «éxito», Frankl advierte que no debemos perseguirlo. Cuanto más lo convertimos en un objetivo, más se nos escapa. Como la felicidad, el éxito no se persigue; sobreviene cuando deja de importarnos demasiado. Llega como efecto secundario de entregarnos a una causa mayor que nosotros, o a otra persona. Su consejo es escuchar lo que la conciencia nos pide y hacerlo bien. Para Frankl, estas cosas terminan por encontrarnos precisamente cuando dejamos de pensar en ellas.

He escuchado a algunos artistas decir algo parecido: que llegaron a ser exitosos tras bajar la cabeza, hacer lo suyo y seguir, aparentemente sin pensar demasiado en los resultados. En lugar de proponerse tener mucho dinero, ser reconocidos en las calles, llenar estadios y ganar premios, se dedicaron durante varios años a hacer, con paciencia, de la mejor manera posible, e ignorando el retrovisor, lo que su conciencia les ordenaba. Según ellos, y de acuerdo con lo que propone Frankl, es así como a largo plazo, de una u otra forma, encontraron el éxito y la felicidad en alguna de sus versiones. O la felicidad y el éxito los encontraron.

Además de sentirse acertada, la hipótesis de Frankl tiene cierto respaldo empírico. En un estudio de 2011 se encontró que valorar demasiado la felicidad puede volverse contraproducente: cuanto más la convertimos en meta, más fácil es terminar decepcionados. Quienes la valoran mucho llegan a las situaciones que tanto esperaban con una expectativa alta de cómo deberían sentirse; cuando el momento llega y lo que sienten no está a la altura, se decepcionan de su propia reacción y son menos felices. El problema, entonces, no es la meta en sí, sino la brecha entre cuán felices esperamos sentirnos al cumplir una meta y lo que realmente sentimos cuando lo hacemos. Esta es la paradoja que Frankl había intuido décadas antes: buscar con vehemencia un estado anhelado tiende a alejarlo.

Tal vez hay cosas que no deben ser buscadas con demasiada ambición, sino que nos encuentran como el efecto secundario de hacer lo que tenemos que hacer una y otra vez. Si todo va bien, hemos de alzar la vista un día para descubrirnos levitando.

Suscríbete a mi newsletter:
Beneficios exclusivos y artículos semanales


2 comentarios

Emilio Arellano · 2021 a las 13:38

¡Increíble! Hasta incluso una muy buena reseña del libro «El hombre en busca de sentido» en cierto punto. El autor también explora darle un sentido al sufrimiento, abriendo campo a lo que se conocería como «logoterapia» en psicología existencialista. Muy buenas entradas y blog, me encanta!

    JM Naranjo · 2021 a las 19:10

    ¡Hola Emilio! Muchas gracias por leerme y por tu aporte. Un abrazo 🙂

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *