Para John Keats, uno de los principales poetas del Romanticismo inglés, existía una cualidad que distinguía a las mentes creativas. La llamó «negative capability», o «capacidad negativa». En una carta a sus hermanos George y Tom, de finales de 1817, la definió como la capacidad de un individuo (para él, ejemplificada por Shakespeare) de permanecer «en las incertidumbres, los misterios, las dudas, sin la búsqueda irritable del hecho y la razón». En definitiva, es la capacidad de tolerar lo ambiguo y lo no resuelto, sin la compulsión de forzar una conclusión, una explicación o una certeza.
Keats lo planteaba como una virtud creativa: el poeta no impone su ego ni esa «búsqueda irritable del hecho y la razón» que empuja a querer cerrarlo y explicarlo todo. En su lugar, la idea es abrirse a la belleza y la contradicción tal como se presentan. No lo planteaba como una teoría, sino como una observación, pero generaciones posteriores le dieron el peso filosófico que hoy tiene. Tampoco se trata de un elogio de la pasividad o de la ignorancia deliberada, ni de «no pensar» ni «renunciar a la razón», sino simplemente de no precipitarse a dar cierres prematuros a lo que aún no se entiende.
El poeta inglés lo escribió de forma improvisada, en una carta privada. Sin embargo, hoy podemos ver una conexión directa con la tolerancia a la incertidumbre que se trabaja en terapia psicológica. La capacidad negativa de Keats describió, con lenguaje poético, algo muy relacionado con lo que hoy mide la psicología clínica bajo el concepto de intolerancia a la incertidumbre (IU): la tendencia a experimentar la incertidumbre como algo aversivo. Pero la IU no se derivó de Keats. Se desarrolló de forma independiente a partir del trabajo de Freeston y colaboradores (1994), con una escala validada (la Intolerance of Uncertainty Scale) que ha permitido medirla con fiabilidad. Quizás en congruencia con la intuición de Keats, la investigación en psicología ha establecido que la IU es un factor de riesgo transdiagnóstico, o sea una característica predisponente que influye en el sufrimiento psicológico, implicada en el trastorno de ansiedad generalizada, el TOC, la ansiedad social, la depresión y los trastornos alimentarios. Quien puntúa alto en IU tiende a sostener creencias negativas sobre la incertidumbre, procesa la ambigüedad de forma sesgada e interpreta lo incierto como amenaza: precisamente lo contrario de la disposición receptiva que Keats admiraba. Lo bueno es que esta intolerancia no es un rasgo fijo, por lo que reducirla es un objetivo tratable con terapia cognitivo-conductual.
Si bien Keats no propuso una terapia ni un hallazgo verificable, es interesante ver cómo la intuición poética y la evidencia clínica llegaron al mismo lugar por caminos opuestos: uno atendiendo a la belleza, otro a los datos empíricos sobre bienestar psicológico. A veces el arte señala un fenómeno mucho antes de que exista siquiera el vocabulario para nombrarlo, y mucho menos para estudiarlo. Le pasó a Marcel Proust: escribió un famoso pasaje sobre una magdalena mojada en té, que acaba devolviéndole un recuerdo entero de la infancia. Describió con exactitud algo que la ciencia mediría décadas más tarde, llamándolo precisamente el «fenómeno Proust»: la capacidad particular de los olores para evocar recuerdos autobiográficos más antiguos y emotivos que los evocados por otros estímulos. También se ha contado, por ejemplo, que Freud reconoció que los poetas y filósofos habían descubierto el inconsciente antes que él, y que lo suyo fue apenas dar con el método científico para estudiarlo. En el caso de Keats, la ciencia confirmó que aprender a quedarse con la duda, con la incertidumbre, sin el irritable afán de cerrarlo todo, no es solo la virtud creativa que él admiraba, sino una cualidad que alivia gran parte del sufrimiento cotidiano.
0 comentarios