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Empecé a leer Tiny Experiments de Anne-Laure Le Cunff tras descubrirla en un podcast. Lo que proponía —abrir espacio a una vida más experimental— era probablemente lo último que yo creía necesitar. Desde que me gradué de la universidad y me di cuenta de que mi camino profesional no sería del todo lineal, he pensado casi exclusivamente en trabajar duro en la sala de espera de una “vida plena”. Pero esa es precisamente la mentalidad que Anne-Laure nos invita a cuestionar: fijar metas lineales, adoptar definiciones rígidas de éxito y caer en ciertos guiones cognitivos que, quizás, necesitemos desaprender, por las buenas o por las malas.
- ¿Estás siguiendo tu pasado o descubriendo tu camino?
- ¿Estás siguiendo a la multitud o descubriendo tu tribu?
- ¿Estás siguiendo tu pasión o descubriendo tu curiosidad?
Estas preguntas forman parte de la invitación de Anne-Laure en su libro a desaprender ciertos tipos de guiones frecuentes, a los que denomina: la secuela, el complaciente y la épica. En este contexto, menciona una cita de Alvin Toffler en uno de los primeros capítulos, que sugiere que aprender a desaprender y reaprender puede llegar a ser más importante que aprender a leer y escribir. Todavía estoy leyendo Tiny Experiments y lo recomiendo para quienes quieran profundizar en estos temas, pero quiero compartir brevemente por qué creo que su mensaje ha resonado en mí de forma refrescante y reconfortante, y probablemente también en otros tantos lectores.
“Los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer ni escribir,
sino quienes no puedan aprender, desaprender y reaprender.”
—Alvin Toffler
Gran parte del contenido sobre productividad y autoayuda que hoy consumimos, ya sea en internet o en libros, tiende a promover una visión bastante vaga y estandarizada de cómo deberíamos estructurar nuestra rutina y nuestro futuro. El mensaje de fondo, especialmente en redes sociales, suele ser que todavía no estamos ahí, y nunca lo estaremos si no transformamos por completo nuestra vida, seguimos el método X, Y, Z (en ese orden), compramos algo, y sacrificamos el presente con la esperanza de llegar, algún día, a una versión idealizada del éxito. Una versión que a veces no definimos ni elegimos por nuestra cuenta, pero donde se supone que finalmente podremos respirar.
Desde mi perspectiva, la realidad se ha parecido más a estos pensamientos intrusivos:
- La vida ya está ocurriendo. No puede ser solo una sala de espera permanente hacia algo ‘más grande’.
- Me pregunto si todas mis metas son propias, o si solo estoy siguiendo, sin saberlo, guiones de otros (familia, amigos, celebridades irrelevantes…)
- Tener metas y trabajar duro son virtudes, pero puede que nunca ‘lleguemos’ a ese lugar ideal, así que quizá deberíamos disfrutar un poco más de los procesos, ¿no? Abrirse a la vida con la curiosidad como el motor de la pasión.
- ¿Es realmente un crimen cambiar de dirección en el camino y no dejar de hacer pequeños experimentos, aunque se avance con responsabilidad y atención?
Todo eso, en esencia, es lo que significa vivir de forma más experimental y menos rígida. Probablemente no hay una fórmula de 30 días ni un curso de $899,95 que nos libere del culto creciente y vigilante al hiper-rendimiento. Pero lo que sugiere Anne-Laure —alguien que dejó su trabajo soñado en Google para vivir una vida verdaderamente alineada con sus propios términos (y, tras varios experimentos, incluso más ‘exitosa’)— es simplemente que todo cambió cuando dejó de optimizar la vida a ciegas y empezó a observarla con curiosidad. Se convirtió en estudiante de su propia mente.
La invitación de Tiny Experiments es simple: convertirnos en antropólogos de nuestra propia vida, en lugar de tiranos que nos arrastran constantemente hacia donde todo el mundo parece ir, por el simple hecho de encajar o, peor aún, complacer. No dejar de mirarnos y mirar con curiosidad, con una mentalidad permanentemente experimental. Observar, corregir, seguir. Puede que suene mucho menos emocionante o revolucionario que lo que vemos en Instagram, pero sin duda es más saludable y útil. “La dificultad no radica en desarrollar ideas nuevas” —escribe John Maynard Keynes— “sino en escapar de las viejas, que, para quienes fuimos educados como la mayoría, se ramifican en cada rincón de nuestras mentes.”
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