Todos hemos sentido que dominamos un tema complejo después de una o dos búsquedas en Google. Cada vez que aprendo algo nuevo, caigo en el mismo patrón. Al principio parece fácil, me confío y me siento capaz, incluso especial. Hasta que profundizo un poco más y descubro lo poco que en realidad sé.

La psicología lo llama incompetencia inconsciente: la etapa en la que todavía no sabemos lo que no sabemos. Es una parte engañosa del proceso de aprendizaje, porque la confianza en lo que sabemos aparece mucho antes que la comprensión real. Y, como escribió Bertrand Russell, “el gran problema del mundo es que los necios y los fanáticos están siempre tan seguros de sí mismos, y las personas más sabias tan llenas de dudas”.

Ese es el espacio entre la confianza y el conocimiento: un lugar en el que caemos fácilmente cuando confundimos simple familiaridad con comprensión.

Lo que dice la ciencia

El llamado efecto Dunning–Kruger se ha vuelto un símbolo de la psicología popular, especialmente en tiempos de redes sociales, donde muchas veces los principiantes sobrestiman su competencia (y sienten la necesidad de compartirlo públicamente).

De hecho, la idea para escribir este artículo me vino en un curso de producción de audio. El profesor nos advirtió sobre el peligro de creer que ya lo sabemos todo y de seguir consejos de «expertos» autoproclamados en internet. Nos mostró un gráfico conocido como Mount Stupid («la curva de la estupidez»), que muestra cómo la confianza se dispara al inicio, cae de golpe y luego vuelve a crecer con la verdadera experiencia:

Parte de este fenómeno es estadístico, pues así se comportan los promedios. Pero la evidencia es clara en una cosa: quienes recién empiezan a aprender algo suelen sobreestimar su capacidad en ello, mientras que los expertos tienden a subestimarla. Y no siempre es arrogancia. Muchas veces es una simple falta de reflexión para ver nuestros puntos ciegos.

Además, investigaciones sobre el efecto difícil-fácil (hard-easy effect) muestran que solemos tener más confianza en tareas complejas que en las más sencillas. A medida que seguimos aprendiendo, algunas cosas empiezan a parecer más difíciles. Pero no porque empeoremos, sino porque vemos su complejidad real.

Por último, cabe reconocer que la sobreconfianza puede tomar distintas formas, y tanto principiantes como expertos son vulnerables a caer en ellas:

  • Sobreestimar qué tan bien hicimos algo.
  • Creer que nos desempeñamos mejor que los demás.
  • Estar demasiado seguros de nuestro propio juicio.

Saber cuándo no sabemos

Entonces, la incomodidad y la humildad son partes esenciales del aprendizaje. Y como siempre, el primer paso para resolver algo es nombrarlo y aceptarlo. Contemplar con claridad la distancia entre lo que creíamos saber y lo que realmente sabemos. En cualquier caso, la incompetencia consciente es mucho más útil que la confianza ilusoria.

Las investigaciones sobre el entrenamiento de calibración, que se usa en torneos de predicción, muestran que las personas pueden mejorar de forma medible la relación entre su confianza y sus resultados simplemente evaluando sus propias predicciones y ajustándolas con el tiempo. (Estudios del Good Judgment Project registraron mejoras del 5 al 10 % después de prácticas breves).

En el trabajo creativo pasa lo mismo. La práctica deliberada, que consiste en pulir nuestras habilidades con retroalimentación constante, mantiene el crecimiento guiado por evidencia y no por el ego. Con el tiempo, uno empieza a confiar más en los datos que en las sensaciones, las intuiciones o el impulso de aparentar.

Puede ser útil, por ejemplo, hacer una pequeña predicción antes de empezar una tarea: Estoy un 70 % seguro de que puedo terminar de mezclar esta canción en una hora. Luego, comparamos el resultado: ¿qué logré realmente en esos sesenta minutos? Esto ayuda a calibrar la confianza y acercarla a expectativas más realistas.

También podemos intentar dejar nuestro ego de lado lo más posible: pedir retroalimentación, por ejemplo, sin incluir nuestro nombre ni contexto, y dejar que el trabajo hable por sí mismo.

En definitiva, cada vez que no coinciden nuestras expectativas de aprendizaje con la realidad, puede aparecer un punto ciego. Y cuanto más pequeño se vuelve ese espacio, más nítida es la percepción.

Conclusiones

La experiencia, en cualquier ámbito, no parece nacer de las certezas, sino de la calibración constante. El objetivo no es eliminar la confianza en uno mismo ni sentirnos perpetuamente ignorantes por no saber lo suficiente, sino sostener esa confianza con evidencia. Para lograrlo, primero debemos reconocer la inmensidad de lo que no sabemos, reemplazar la necesidad de ser expertos instantáneos por curiosidad y humildad, y entender que las dudas no son fracasos, sino señales de que estamos afinando la mira.

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